Pintura rupestre en Tassili n'Ajjer

CASTELLANO

 

Se entiende por pintura mural trabajos artísticos en soportes verticales grandes, paredes y muros (a veces también techos) tanto interiores como exteriores. Se dice que se caracterizan por la monumentalidad (del tamaño del soporte y de la propia composición), y por la poliangularidad (los distintos puntos de vista y planos).

 

La pintura mural, por las características del soporte, tiene unas peculiaridades que la hacen única; la integración en el espacio, tanto en el soporte como en el entorno con el que interactúa es fundamental, y también la función que se le pretende dar a esa imagen, que puede ser vista por muchísima gente de todo tipo cuando está en la calle, por ejemplo. Por eso, antes de realizar una pintura, hay que estudiar muy bien el emplazamiento, la luz, quién va a ver esa imagen, qué se desea transmitir, y entonces, desarrollar el proyecto a pintar.

 

A lo largo del tiempo, los murales han estado presentes en los espacios habitados por los humanos, con diferentes técnicas y cumpliendo diferentes funciones; a veces sólo eran motivos decorativos, pero otras veces cumplía una función pedagógica o religiosa. Hay otras técnicas de decoración mural a parte de la pintura, como el relieve escultórico, el mosaico con materiales varios, y el mural con piezas de cerámica pintadas.

 

ORÍGENES Y EVOLUCIÓN

Las primeras pinturas en paredes fueron las pinturas rupestres en el paleolítico superior, que se realizaban con pigmentos naturales de plantas y minerales con resinas, reproduciendo a menudo escenas de caza. Seguramente estas pinturas formaban parte de rituales a los dioses para conseguir comida, o representar su forma de vida y entorno natural.

 

En el mundo occidental, debemos destacar el uso que tuvo en el Románico. Ya en esa época, la pintura no se realizaba directamente sobre la piedra, sino sobre un enlucido más fino. Vemos que en esa época las pinturas que se hacían en lugares de culto servían para contar historias y mensajes religiosos a las personas, que básicamente eran analfabetas. En general se pintaba con encáustica, con colores a la cera aplicados en frío.

 

Otra forma de decorar edificios fue el esgrafiado (del italiano sgraffiare), que ya se empezó a utilizar antes del Románico y se extendió muchos siglos, dejando muchas fachadas y paredes interiores con dibujos y motivos ornamentales rascados en el mortero, creando relieves en diferentes colores.

 

En el Gótico decayó la tendencia por el uso de grandes vidrieras. Luego, en el Renacimiento, la técnica pictórica evolucionó al fresco, una técnica en la que se trabajaba con el soporte de mortero de cal húmedo de manera que los pigmentos quedaban integrados en el material. Se conseguía mucha durabilidad, pero se tenía que trabajar antes de que se secara. La máxima expresión es el trabajo de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina de El Vaticano. Otro momento en que la pintura mural tuvo un uso importante fue en el Barroco y Rococó. Había otra forma mixta de decorar paredes, en que se pintaban lienzos con pintura al temple o óleo, y luego se desmontaba el bastidor y se pegaba la tela en la pared.

 

Los murales han ido vistiendo paredes siempre. Las técnicas más realistas han recurrido a veces al Trampantojo, una pintura que intenta engañar, simulando algo real y en profundidad en una pared plana.

 

Otra técnica a la que se ha recurrido por su facilidad, es el estarcido, pintado con pinceles o esponjas motivos decorativos con plantillas. En principio es una técnica sencilla, pero como todo, hay que ser un poco hábil y tener gusto al distribuir los dibujos y los colores a utilizar.

 

En poblaciones con otras culturas también ha sido habitual la decoración de casas, templos, y espacios de culto. En África, destaca la belleza y abundante decoración del pueblo Tiébélé, en Burkina Faso. En zonas más orientales, los motivos suelen ser más intensos y coloridos, representando geometrías o tradiciones y dioses.

ACTUALIDAD

En el siglo XX la pintura mural tuvo una resurrección, muy marcada con el movimiento artístico indigenista de la Revolución Mexicana en 1910, que quiso socializar el arte y mostrarlo públicamente. Destacaron Diego Rivera, José Vasconcelos, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, entre otros. Se extendió luego en Sudamérica, como medio para comunicarse con una sociedad todavía muy analfabeta.

 

En la actualidad los murales ocupan espacios interiores con un enfoque más decorativo, a veces con estilos más realistas o figurativos, y a veces más abstractos, buscando efectos de texturas, o con estilos más gráficos. Las técnicas actuales suelen ser sobre los soportes en seco, pintando con pintura plástica, acrílicos o aerosoles.

 

En la calle, los Graffitis tienen sus espacios, donde artistas exhiben su estilo o sus reivindicaciones en espacios principalmente urbanos y muros abandonados. Algunos comerciantes llegan a aprovechar el talento de algunos artistas para decorar las persianas de sus tiendas, tratando de evitar las firmas y pintadas clandestinas.

 

En los últimos tiempos también están en auge artistas que hacen grandes murales en fachadas de edificios, de manera que convierten un muro incómodo en un espacio de arte, belleza y reflexión. Hasta algunos pueblos están haciendo de esta actividad un reclamo turístico para acercar gente a visitar las creaciones como una galería al aire libre. Algunos ejemplos de ello en España son Penelles, a través del Festival GarGar (Lleida), Ordes y Carballo (A Coruña), Fanzara (Castellón) y Castrogonzalo (Zamora).

 

Ciertamente, algunas técnicas están apareciendo en el mundo de la decoración de paredes; los papeles pintados que pareció que ya habían tenido su momento, se han reinventado y se están haciendo diseños maravillosos que permiten decorar grandes espacios. También la impresión de grandes vinilos permite exponer grandes fotografías o imágenes con efectos sorprendentes.

 

Pero la pintura directa siempre provoca una belleza y textura únicas pudiendo observar el trazo del artista y constatar su presencia en el lugar. Es totalmente personalizable y exclusiva, adaptable a espacios complejos (por forma, elementos funcionales…), y permite armonizar colores e intensidades con el entorno.